Educación y la amplificación de la deprivación durante la COVID-19

Existe un concepto en epidemiología conocido como “la amplificación de la deprivación” que se utiliza para explicar cómo determinados factores estructurales amplifican las desigualdades existentes a nivel individual. Esta hipótesis se elaboró a raíz de estudios sobre la relación entre urbanismo y salud. Así, siguiendo esta explicación, las personas de clase social baja vivirían en barrios con un menor acceso a aquellos recursos que se han asociado con mejores resultados en salud: tiendas o locales de restauración de alimentación saludable, espacios verdes, centros deportivos, etc (1). Aunque esta explicación está lejos de poder constituirse en teoría, pues esta relación es contexto-dependiente en función del entorno urbano analizado (2), creo que es útil para explicar la compleja relación entre la epidemia de COVID-19, las desigualdades sociales y la vuelta a las clases.

Nos encontramos en la antesala del regreso a la actividad lectiva y la situación epidemiológica a nivel nacional es preocupante, aunque existan todavía diferencias en función de la Comunidad Autónoma. Se han elaborado una serie de protocolos con medidas y recomendaciones para disminuir al máximo el riesgo de contagio en los centros educativos. Unas medidas que serán insuficientes si no se garantiza aquello que es de vital necesidad si queremos construir espacios educativos seguros: dotación económica y refuerzo del personal que trabaja en estos centros.

Uno de los discursos instaurados en algunos ámbitos de la sociedad (incluido el institucional) es el de que no se puede perder a una generación y es necesario, por tanto, tomar todas las medidas necesarias para garantizar la educación presencial a todo el alumnado el mayor tiempo posible. O, al menos, priorizarla para las primeras etapas educativas o educación especial, y para aquellos niños y niñas de familias con menos recursos. Al igual que existen unos “determinantes sociales de la salud” que condicionan el nivel de salud poblacional e individual, también podemos aplicar este marco de análisis para hablar de la educación en tiempos de pandemia. Aquellos niños y niñas de menos recursos presentan más dificultades para poder seguir una educación de modalidad no presencial. Como el ensayo de Virgina Wolf, para que esta pueda ser aprovechada al máximo se requiere de una habitación propia, además de ordenador y conexión a internet, bienes que no están al alcance de todas las familias de este país.

Hasta la disponibilidad de una vacuna que sea eficaz, el control de la transmisión depende de la implementación de medidas no farmacológicas de manera escalonada en función de la situación epidemiológica. Como parte de este enfoque, para la vuelta a la actividad educativa se contemplan diferentes escenarios con sus respectivas medidas en los protocolos elaborados por las Comunidades Autónomas. En resumen, se plantean escenarios en los el centro iría moviéndose entre la presencialidad total y la educación en línea de forma integral.

Según una revisión del Centro Europeo para el Control de las Enfermedades (ECDC), la evidencia disponible -aunque escasas y limitada- concluye que los centros educativos no son lugares de especial riesgo para el contagio, en comparación con otros establecimientos y centros de trabajo actualmente abiertos, siempre que se implementen medidas de prevención y, más importante, la transmisión comunitaria esté controlada (3). En situaciones de incremento de la incidencia, los centros educativos actuarían trasladando la transmisión existente en su zona al interior de las aulas. Es necesario, por tanto, implementar medidas que reduzcan dicha transmisión para que los centros educativos puedan garantizar una educación presencial minimizando el riesgo para profesorado y alumnado.

Una idea central del discurso institucional sobre el abordaje de la pandemia ha sido la de que “el virus nos afecta a todos por igual, sin entender de fronteras o de clases”, idea sobre la que reflexioné en otra entrada (4). La evidencia sobre la transmisión de otras enfermedades infecciosas, y la disponible sobre la pandemia actual, pone de relieve que el virus podrá no entender de diferencias sociales, pero éstas sí que juegan un papel importante a la hora de establecer las dinámicas de la transmisión en nuestras sociedades.

Las clases bajas presentan un mayor riesgo de contagio, debido a unas condiciones habitacionales que dificultan realizar el aislamiento domiciliario o a realizar en mayor proporción trabajos que suponen una mayor exposición o con condiciones precarias que dificultan (unas veces por la naturaleza del trabajo y otras muchas como consecuencia de la búsqueda de incrementar la plusvalía) el cumplimiento de las recomendaciones sanitarias, y de mortalidad por COVID-19 (5-6), pues la prevalencia de los factores de riesgo descritos para esta patología siguen un gradiente social en detrimento de las personas más desfavorecidas. No sorprende ver que, en la ciudad de Madrid, los distritos con una mayor incidencia acumulada de COVID-19 son aquellos de menor renta: Usera, Puente de Vallecas, Villaverde o Carabanchel (7).

Recuperando el concepto de “la amplificación de la deprivación” y teniendo en mente los diferentes escenarios que se contemplan para el funcionamiento de los centros educativos ante situaciones epidemiológicas desfavorables, es necesario tener un enfoque de equidad y justicia social a la hora de implementar medidas de salud pública para controlar la transmisión.

Si las clases bajas presentan un mayor riesgo de contagio, la incidencia de casos en sus barrios será relativamente mayor que en aquellos de mayor renta. Los niños y niñas de estas áreas se verán afectados por las inequidades existentes en sus barrios, que amplifican la deprivación, teniendo una mayor probabilidad de estar más tiempo siguiendo una educación de presencialidad reducida o en línea, cuando sus recursos para poder aprovecharla son más limitados que en zonas de mayor renta. Estos, además, se ven favorecidos por unos condicionantes individuales y estructurales que hacen que la transmisión sea menor en estas áreas, pudiendo estar sus centros educativos menos expuestos a unos niveles de transmisión comunitaria que obliguen a la implementación de medidas de salud pública.

Se trata de un ejemplo más de “plusvalía epidemiológica” (8): mientras las clases más altas tienen una serie de condiciones de vida que reducen el riesgo de contagio y cuentan con más recursos para aprovechar una educación de modalidad no presencial, las clases bajas disponen de menos recursos para afrontar esta modalidad y, sin embargo, sus condiciones de vida y sus barrios son más favorables al contagio, por lo que sus centros educativos se verán sometidos con mayor frecuencia a niveles de transmisión comunitaria mayores que en otras áreas. Lo que para algunos pueden ser una serie de medidas que alteran sus rutinas, para otros se tratan de medidas vitales para poder disfrutar de uno de los instrumentos para reducir las desigualdades sociales como es la educación.


El enfoque de determinantes sociales no debe aplicarse únicamente al análisis de lo que está sucediendo, sino que debe tenerse en cuenta también para la acción política. Las administraciones deben tomar medidas para reducir la transmisión en los barrios más desfavorables, sin poner la carga de la responsabilidad en las personas que más están sufriendo esta crisis sanitaria-económica-social. Las recomendaciones (y obligaciones) de salud pública deben estar acompañadas de la aprobación de otra serie de medidas que faciliten su cumplimiento, especialmente para quiénes en cuyo horizonte lo único que hay es el miedo a pasar hambre el día de mañana.

La política debe ser el instrumento que permita que los niños y niñas de barrios de menor renta cuenten con más apoyo para poder mantener la educación presencial en la medida de lo posible con las medidas de seguridad pertinentes. Deben movilizarse todos los recursos disponibles, tanto económicos como humanos y dotacionales, para reducir esa desigualdad existente y garantizar que quién menos tiene tendrá las mismas posibilidades de poder recibir una educación presencial como quién vive en barrios donde la pandemia parece que solo ha supuesto una molestia que ha obligado a conocer dónde se guarda el menaje de cocina.

No actuar teniendo estas desigualdades en cuenta puede incrementar las inequidades existentes a nivel educativo, agrandando una brecha que siempre es más fácil ampliar que reducir, sobre todo si tenemos en mente la ventana temporal de un curso escolar entero y la incertidumbre que rodea a la duración de la pandemia en las condiciones actuales.

Sería un fracaso como sociedad que nos olvidáramos -de nuevo- de la población infantil a la hora de tomar medidas que les permitan formarse y participar en sociedad. Pero no deberíamos perdonarnos que mientras en unas zonas la vuelta al cole con garantías es una realidad tangible, en otras se tenga que ver a través de una pantalla de ordenador.


Bibliografía:

1. Macintyre, S.; Maciver, S; and Sooman, A (1993). Area, Class and Health:
Should we be Focusing on Places or People?. Journal of Social Policy, 22, pp
213-234 doi:10.1017/S0047279400019310
2. Macintyre S. (2007). Deprivation amplification revisited; or, is it always true that poorer places have poorer access to resources for healthy diets and physical activity?. The international journal of behavioral nutrition and physical activity4, 32. https://doi.org/10.1186/1479-5868-4-32
3. COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission, 6 August 2020. Stockholm: ECDC; 2020.
4. Fontán-Vela, M. (2020, April 06). Virus, pandemias y clases: Las desigualdades que nunca desaparecen. Retrieved August 23, 2020, from https://reinventarlautopia.wordpress.com/2020/04/05/virus-pandemias-y-clases-las-desigualdades-que-nunca-desaparecen/
5. Office for National Statistics (2020, June 11). Deaths involving COVID-19 by local area and socioeconomic deprivation: Deaths occurring between 1 March and 31 May 2020. Retrieved August 23, 2020, from https://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/birthsdeathsandmarriages/deaths/bulletins/deathsinvolvingcovid19bylocalareasanddeprivation/deathsoccurringbetween1marchand31may2020.
6. Jose Miguel Baena-Díez, María Barroso, Sara Isabel Cordeiro-Coelho, Jorge L Díaz, María Grau, Impact of COVID-19 outbreak by income: hitting hardest the most deprived, Journal of Public Health, , fdaa136, https://doi.org/10.1093/pubmed/fdaa136
7. Informe epidemiológico semanal, Comunidad de Madrid. Semana 33. 18 August 2020. Comunidad de Madrid: Dirección General de Salud Pública; 2020.
8. Colectivo Silesia (2020, May 14). Cayetano y la plusvalía epidemiológica. Retrieved August 23, 2020, from https://colectivosilesia.net/2020/05/14/cayetano-y-la-plusvalia-epidemiologica/

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